Poco a poco se va delineando la nueva política exterior de la Administración Trump. En la soterrada lucha entre democracias y autocracias, Estados Unidos ya no pretende ser el líder de Occidente ni el adalid de las democracias liberales.

El presidente norteamericano pareciera preferir a los dictadores y hombres fuertes antes que a los dirigentes europeos tradicionales. Admira al zar Putin y es amigo incondicional de figuras como Netanyahu o el príncipe saudí Mohamed bin Salman. La esencia de su presidencia parece consistir en cerrar negocios (deals) más con autócratas que con demócratas, debilitando la arquitectura multilateral en favor del interés nacional puro y simple.

El fin de la Pax Americana

Al no perseguir los valores tradicionales, Donald Trump está reconociendo en el fondo que la Pax Americana ha llegado a su fin y que, en su reemplazo, se establecen tres grandes zonas de influencia:

  • Hemisferio Oriental: EE.UU. acepta el interés de Moscú por una zona natural en Europa, dejando a la Unión Europea y Ucrania la responsabilidad de contener a Rusia sin el “paraguas” protector de Washington.
  • Asia: China consolida su hegemonía económica, aunque contenida geopolíticamente en el Indo-Pacífico por EE.UU. y sus aliados (Australia, Japón, India, Corea del Sur).
  • Hemisferio Occidental: Bajo lo que se ha llamado el “Corolario Donroe” (una aplicación de la Doctrina Monroe por Trump), nuestra región queda sometida directamente al interés y seguridad nacional de Estados Unidos.

La estrategia en Venezuela y la región

Bajo esta lógica, la intervención de potencias extrarregionales en Venezuela (militares cubanos, armas rusas, financiamiento chino y operaciones iraníes) fue vista como una amenaza directa a la seguridad norteamericana.

La estrategia de Trump en Venezuela no apunta tanto a un cambio inmediato de régimen hacia la democracia, sino a la eliminación de estas influencias foráneas tóxicas. Desde Washington se especula con una transición “intrachavista” (posiblemente con figuras como Delcy Rodríguez, aunque neutralizadas), con el objetivo pragmático de “sacar la basura” (Cartel de los Soles, Tren de Aragua) y controlar el petróleo, evitando el error de desestabilización total cometido en Irak.

Presión sobre Cuba y México

Esta proyección de seguridad nacional se extiende al resto del vecindario. Trump parece pretender asfixiar la economía de Cuba para precipitar cambios políticos, dado que el régimen es insostenible sin el petróleo venezolano.

Por otro lado, México enfrenta una presión inédita. La administración Trump exige medidas efectivas contra la narcopolítica y el tráfico transfronterizo, además de demandar un alineamiento contra las dictaduras de la región. El mensaje es claro: en el mundo de las zonas de influencia, la neutralidad o la ambigüedad ideológica tendrán costos altos para los vecinos del norte.

La proyección hacia el Norte: ¿Groenlandia y Canadá?

Los objetivos estratégicos de Trump incluyen también miradas audaces hacia el norte. Groenlandia es clave por dominar el Pasaje Noroccidental Ártico; aunque una guerra es improbable, Trump busca acuerdos que privilegien la defensa norteamericana ante el interés chino y ruso.

Más polémico aún es el resurgimiento de ideas sobre anexar a Canadá como el "Estado 51". Si bien sería un error aberrante dado que Canadá es el mayor aliado histórico (clave en el sistema NORAD), refleja la visión expansionista de seguridad.

Por el sur, México enfrenta una presión máxima: o controla la narcopolítica y se alinea contra las dictaduras de la región (Cuba, Venezuela), o sufrirá fuertes represalias.

El juego de las potencias regionales

Finalmente, ¿cómo se reacomodan las fichas en este mundo trilateral?

  • Medio Oriente: Irán enfrenta una crisis interna y externa, cercado por la alianza de facto entre Arabia Saudita, Israel y EE.UU. Turquía, bajo Erdogan, choca con Israel, mientras este último fortalece lazos con los kurdos.
  • Asia: Vemos una "luna de miel" entre Corea del Sur y Japón, unidos ante las amenazas de China y Corea del Norte.
  • India y Pakistán: Mientras Pakistán se apoya en China, India se acerca a Washington para contener a Pekín en el Indo-Pacífico, sumándose a aliados como Australia y Japón en el Quad.

Este texto fue extraído de un artículo de OpinionGlobal con permiso del autor como miembro de la comunidad de Círculo Senior. Pueden visitarlo desde el siguiente enlace: Leer artículo original en OpinionGlobal.