El tejido ha dejado de ser un simple oficio del pasado para convertirse en una de las herramientas de bienestar, estimulación y sociabilización más poderosas de la actualidad. Especialmente para quienes transitan las etapas maduras de la vida, mantener la mente activa, ejercitar la motricidad y cultivar espacios de encuentro humano no son solo pasatiempos, sino pilares fundamentales para lograr una calidad de vida plena y saludable.

Beneficios cognitivos y motrices: Más que un pasatiempo

Más allá de la creatividad que implica cada proyecto, el tejido ofrece indiscutibles beneficios cognitivos para las personas mayores. Entre sus aportes más destacados se encuentran la reducción del estrés, el fomento sostenido de la concentración y el ejercicio constante de la memoria. Asimismo, la práctica regular de hilar y usar palillos o crochets permite ejercitar la motricidad, manteniendo las manos ágiles y coordinadas frente al paso del tiempo.

La experiencia pedagógica de Gabriela Gebhard

Para entender el impacto real de esta actividad, conversamos con Gabriela Gebhard, para quien el tejido es su gran pasión, su terapia y su cable a tierra. Durante sus 35 años de trayectoria profesional como profesora de inglés en empresas, Gabriela aprendió a comprender a fondo los ritmos de aprendizaje en la madurez, a valorar la paciencia y a diseñar metodologías amables y estructuradas.

Con esta sólida convicción nació su proyecto Purly Studio, un espacio dedicado a transformar hilados, palillos y crochets en verdaderos puentes de bienestar, creatividad y comunidad. Hoy, Gabriela fusiona el arte del tejido con su vasta experiencia pedagógica para ofrecer talleres pensados para que cada persona descubra su propio potencial, y lo más importante, siempre a su propio ritmo.

Tejiendo redes contra la soledad

Pero Purly nació de una necesidad que va más allá de la motricidad: una necesidad profundamente humana. En su propia experiencia, hubo momentos en la vida en los que Gabriela se sintió sola, extrañando tener a alguien con quien conversar de forma genuina, compartir un interés común o simplemente pasar la tarde. Fue justamente a través de sus talleres de tejido donde encontró la respuesta, conociendo a hermosas personas y formando nuevos lazos de amistad.

Por ello, sus encuentros semanales están pensados como un espacio de sociabilización activa. Son un punto de reunión donde se comparte un café, se entablan conversaciones significativas y se construyen redes de apoyo. Tejer en grupo combate el aislamiento, nos permite aprender de otros y nos devuelve la gratificante sensación de pertenecer.

Como bien resume Gabriela: no solo creamos proyectos con nuestras manos; tejemos historias, risas, complicidad y lazos que perduran en el tiempo.