Soy Sussy Garay Salazar, madre de tres regalos de Dios, mujer de grandes desafíos y metas. De profesión ingeniera, diplomada y máster, pero sobre todo, alguien que nació para ser feliz y conquistar el mundo. Hoy quiero hablarles de un tema que muchas veces vivimos en silencio.

La soledad absoluta del cuidado

El mayor reto de mi vida fue enfrentar la soledad absoluta tras el ACV que sufrió mi madre. Durante 8 largos años me vi inmersa en una realidad donde el sistema no solo ignoraba a mi madre, sino que me hacía completamente invisible a mí. El desafío no fue únicamente lidiar con la enfermedad, sino soportar el aislamiento social y la terrible falta de redes de apoyo que sufrimos quienes entregamos nuestra vida a cuidar de manera informal en Chile. En medio de esa oscuridad, me di cuenta de una verdad aplastante: si yo estaba sola, miles de personas más también lo estaban.

Transformar el duelo en justicia

El cambio real ocurrió cuando decidí transformar mi duelo personal en un legado de justicia. En 2017, fundé la Fundación Abi Chile con un propósito claro: que nadie más tuviera que cuidar en la precariedad. El hito que marcó este cambio a escala nacional llegó en 2025, cuando logramos presentar y aprobar la primera Ordenanza Municipal de los Cuidados en San Bernardo. Pasamos de la simple voluntad personal a la creación de políticas públicas reales que protegen a las cuidadoras y cuidadores.

El derecho a ser cuidado

Ese logro fue un hito nacional que me llevó a exponer al Congreso, mostrando ese "quinto pilar social" que hasta entonces era invisible. La lección más profunda que he sacado en estos 10 años es que el amor incondicional no debe significar el sacrificio de la propia salud o identidad. Aprendí que la incidencia política es la herramienta para dignificar esta labor y que, cuando nos organizamos, dejamos de ser invisibles para convertirnos en sujetos de derecho ante el Estado.

Un llamado urgente

Mi gran consejo para todos es: "No cuiden solos". El cuidado informal es el motor silencioso que sostiene a la sociedad, pero no puede descansar únicamente sobre los hombros de una persona. Alcen la voz, busquen comunidad y exijan su reconocimiento. A la sociedad y al Estado les digo: cuidar es un acto de amor puro, pero garantizar el bienestar de quien cuida es un acto de justicia que no puede seguir esperando. Es un trabajo 24/7 que debe ser remunerado y protegido. ¡Los apapacho para no estar nunca más solos!