Basado en la columna escrita por Fernando Schmidt Ariztía (embajador ® y exsubsecretario de RREE) para Opinión Global.

Cuando escuchamos hablar de Ormuz en las noticias, casi siempre es sinónimo de guerra, tensiones y conflictos geopolíticos. Sin embargo, esta pequeña isla de apenas 42 kilómetros cuadrados ha sido históricamente sinónimo de míticas riquezas, cruce de civilizaciones y un mercado mundial de enorme refinamiento.

Para entender la magnitud de su historia, hemos profundizado en los grandes hitos de este fascinante enclave:

El epicentro del mundo antiguo y sus misteriosos orígenes

El origen de su nombre es un misterio: algunos creen que deriva de Ahura Mazda (dios del zoroastrismo), otros del dialecto persa para la palma datilera, e incluso de la palabra griega "hórmos" (fondeadero). Lo cierto es que el imperio persa de Ciro el Grande dominó su margen norte unos 550 años antes de la era cristiana. Posteriormente, la zona fue conquistada por Alejandro Magno, quien mandó a ejecutar al sátrapa local por traición y fundó cerca de allí la ciudad de Alejandría de Karmania, en plena ruta hacia la India.

Hacia el sur de Ormuz, el reino árabe de Magán extendió su influencia comercial por todo el golfo, llegando a las costas de África y la India. Era un punto de conexión ineludible por donde transitaban culturas, ideas y productos.

De Marco Polo a la gran flota China

En el siglo XIII, el legendario explorador Marco Polo visitó Ormuz mientras buscaba rutas desde Venecia hacia Asia. Describió la isla como un puerto majestuoso donde convergían sedas, perlas, piedras preciosas, especias y colmillos de elefante. La fama de Ormuz llegó tan lejos que a principios del siglo XV, el almirante chino Zheng He arribó con la mayor armada de la historia (más de 300 barcos y 27.800 hombres), describiendo a sus habitantes como elegantes y con un alto nivel de vida.

El imperio portugués y la "piedra preciosa"

En 1507, armados de osadía y avances en navegación, los portugueses se apoderaron de Ormuz. Desde allí controlaron la ruta de las especias y la seda por más de un siglo, construyendo un imponente sistema defensivo liderado por la fortaleza de Nossa Senhora da Conceição. La abundancia fue tal, que el cronista João de Barros dejó plasmada una frase histórica: sus habitantes decían que si la tierra era un anillo, "Ormuz es la piedra preciosa engastada en él".

El declive, los británicos y la literatura

El dominio portugués llegó a su fin en abril de 1622, cuando el Zha de Persia Abbas I, apoyado por embarcaciones de la Compañía Británica de las Indias Orientales, los expulsó tras un asedio de tres meses. Jurídicamente la zona volvió a los persas y la ciudad fue trasladada a la costa iraní, pero el dominio real pasó a los británicos. Desde 1822 hasta 1971, Londres controló la política y economía del Golfo, moldeando los países que conocemos hoy.

La riqueza de Ormuz también cautivó la imaginación europea. Autores como Lope de Vega o Calderón de la Barca escribieron sobre ella. El poeta inglés John Milton incluso imaginó que el trono del mismísimo Satanás "superaba con creces la riqueza de Ormuz".

El misterio de sus aguas rojas

Además de su turbulenta historia, la isla guarda hoy un último secreto natural: cuando llueve, el agua desciende mezclada con óxido de hierro y sal, transformando el mar azul en un rojo intenso. Este fenómeno tiñe las aguas de Ormuz y nos recuerda la sangre de la Redención y los días de Semana Santa.


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