Un sueño que tenía desde joven era estudiar una carrera humanista. En mi juventud viví con mi abuela materna, quien me decía "solo te puedo dar esto", por lo que tuve que estudiar en el Liceo Comercial (INSUCO) y, después de cinco años, me recibí de Contador General.

Trabajé durante varios años en ese rubro, hasta que contraje matrimonio con mi pololo de siempre. Después de ocho años de pololeo y un año de novios, nos casamos. Allí decidí dedicarme a la crianza de nuestros dos hijos varones.

El sueño a los 50 años

En la adolescencia de mis hijos, y gracias a que mi esposo siempre me apoyó en mis planes, me puse a estudiar a la edad de 50 años. Fueron nueve semestres en el Instituto Carlos Casanueva. Esto fue posible con el respaldo de mi familia y el apoyo económico de un "benefactor", ya que esa carrera tenía un costo que en ese momento no podíamos pagar.

A este benefactor nunca lo conocí, ya que la ayuda fue a través de una institución de la iglesia; mi única responsabilidad era estudiar y ellos se hacían cargo de pagar. Fue un proceso muy lindo para mí. Cuando me titulé, ya era abuela; mi nieta, que en ese entonces tenía cinco años, me acompañó a la ceremonia.

La realización y el servicio

A sugerencia de mi esposo, instalé la consulta en mi hogar. Ya vivíamos los dos solos, así que teníamos espacio para hacerlo. Además, trabajé en dos fundaciones de forma gratuita en el ámbito de la salud mental. Fueron años maravillosos, de los cuales aprendí mucho de los pacientes que atendí.

El duelo y el renacer

Todo fluyó hasta el año 2020, cuando mi esposo falleció después de estar casi 43 años juntos. Allí mi vida se detuvo, cambió de forma radical, y aún estoy en ese proceso de duelo. Sin embargo, ya me siento más tranquila y tratando de retomar mis diversas actividades (como los "coros ciudadanos" y mis estudios vía Zoom de un diplomado).

Hoy me siento feliz de haberme realizado en ese ámbito y de apoyar a mi familia con mi nieto menor. Me siento plena como abuela: mi nieta mayor es psicóloga, la segunda cursa cuarto año de odontología, la tercera está en cuarto medio y el "conchito" en quinto básico.

Nunca es tarde

Mi gran reflexión de todo este camino es que "todo se puede lograr a la edad que sea".

P.D. Después de varios años de titularme, por un cheque de mi benefactor que no había firmado, me enteré de quién era... en realidad, era una "benefactora".