La vida es un permanente desafío, llena de dificultades pero también de oportunidades, de penas y alegrías. Indefectiblemente uno envejece y se da cuenta de que la vida cambia radicalmente.

Luego de una extensa trayectoria laboral ya estás fuera. Después de una vida familiar riquísima eres el cariñoso abuelo con síndrome del nido vacío y ya no eres inmortal: tienes alguna enfermedad de base o te duele algo. Al final, parafraseando a un gran filósofo, todo hombre enfrenta, en algún momento, su inevitable incapacidad.

Pero esa incapacidad vital, Dios mediante, hay que postergarla en la medida de lo posible.

Del escritorio a la masa madre

Llegar a la tercera edad exige mantenerse activo. Lo vivido genera una experiencia valiosa, especialmente para uno mismo. En mi caso, me permitió —además de tener una preciosa familia y amigos— crear, con el concurso de un buen amigo y nuestras respectivas señoras, una pequeña panadería de masa madre, de masas fermentadas de verdad.

Nada más alejado de mi experiencia laboral anterior. Pero qué satisfactorio es ofrecer un producto hecho con oficio y pasión, y recibir a cambio el cariño de todo un barrio. Conversamos con matrimonios jóvenes, niños y personas mayores; conocemos sus historias, sus alegrías, penas, dificultades y éxitos.

El desafío de la burocracia

Como los “Tatas del Pan” hemos tenido que superar inmensos desafíos. La extrema burocracia y la discrecionalidad arbitraria de las autoridades municipales han sido un reto importante.

Sin embargo, contamos con el inesperado y emocionante apoyo de todo el barrio y de organizaciones como la Multigremial Nacional de Emprendedores. Esto nos transformó en un caso mediático que visibilizó la kafkiana “permisología” que afecta a miles de empresas de todos los tamaños. Es un problema que requiere solución: no se trata de bajar estándares, sino de aplicar racionalidad.

Una comunidad necesaria

Los adultos mayores podemos lograr cosas importantes; tenemos la capacidad y la experiencia para hacerlo. Podemos superar las dificultades si enfrentamos los desafíos con valor y constancia.

En este camino, iniciativas como Círculo Senior van en el sentido correcto. Conocí este proyecto por uno de sus fundadores y creo que la posibilidad de consolidarse como una organización intermedia de verdadero apoyo requiere de nuestra participación. Círculo Senior puede ser una herramienta valiosa, pero para ello, tenemos que participar activamente.