En el mundo actual, la geopolítica se ha convertido en el tema central para comprender los desafíos globales del siglo XXI. La globalización, lejos de estabilizar el orden internacional, ha multiplicado las tensiones, debilitando a las organizaciones multilaterales y poniendo en evidencia la crisis existencial de la ONU en su misión de garantizar la paz y la seguridad.
A 80 años de su fundación, la distancia entre sus ideales y la realidad es notoria. Lo vemos en los conflictos en Ucrania o Gaza, la desigualdad persistente y la incapacidad de articular consensos entre las grandes potencias.
Los nuevos desafíos y el reacomodo de poder
Esta crisis no es solo institucional, sino también cultural y moral. Siguiendo al historiador Arnold Toynbee, se advierte que las civilizaciones sobreviven según su capacidad de responder a desafíos internos y externos.
Hoy, esas pruebas se expresan en el cambio climático, las tensiones geopolíticas, la competencia por recursos estratégicos y el impacto de tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial. Todo ello configura un escenario multipolar donde actores emergentes del Sur Global, junto a la creciente influencia de la opinión pública y las redes sociales, disputan protagonismo frente a un Occidente en reacomodo.
La pugna entre Estados Unidos y China es el ejemplo más visible de esta rivalidad por la hegemonía, que se proyecta más allá de lo militar y económico hacia dimensiones como el ciberespacio, el espacio ultraterrestre o los fondos marinos.
Hacia una ""Geopolítica Cardinal""
De este escenario surge la necesidad de una “geopolítica cardinal”, un concepto que integre la fortaleza, la justicia, la prudencia y la templanza como virtudes rectoras de una gobernanza global renovada.
El gran desafío consiste en pasar de la confrontación al diálogo, fortaleciendo la cooperación para enfrentar amenazas compartidas como la desinformación, las pandemias, los ciberataques, los nacionalismos y la pobreza.
Naturalizar el siglo XXI exige planificación estratégica, innovación y un esfuerzo concertado que otorgue verdadera gobernabilidad a la ONU. Solo así la interdependencia mundial podrá transformarse en oportunidad y no en fuente de crisis interminables.