¿Demasiado mayor para aprender tecnología? ¿Poco dispuesto a adaptarse? ¿Aferrado al cargo de siempre? ¿Emprender solo porque no encontró trabajo? Así suelen aparecer los prejuicios sobre el trabajo después de los 60.

El prejuicio de partir de cero

Sin embargo, estas ideas no reflejan las capacidades reales de las personas senior. Hoy vivimos más años y muchas personas llegan a los 60 con la capacidad, las ganas —y también la necesidad— de mantenerse activas. Por eso las trayectorias laborales se prolongan y se vuelven más diversas, porque seguir trabajando ya no significa necesariamente ocupar un cargo estable en una empresa: puede incluir asesorías, emprendimientos, mentorías, clases, aporte en fundaciones, participación en directorios o la combinación de varias actividades.

El "tercer tiempo laboral"

En Lukkap llamamos "tercer tiempo laboral" a esta etapa. No se trata simplemente de extender la carrera anterior, sino de rediseñarla de acuerdo con las capacidades, los intereses y las circunstancias de cada persona. Para algunos significará volver a una empresa; para otros, desarrollar una trayectoria más flexible y autónoma. No existe un único camino y tampoco todas las personas quieren reproducir el tipo de trabajo que tenían antes.

Los números que desmienten el mito

Un análisis de Lukkap Chile, realizado sobre más de 1.500 ejecutivos que participaron en nuestros programas de transición laboral, permite observar este cambio. Mientras el 81% de quienes tienen entre 50 y 60 años vuelve a trabajar en una empresa, entre los mayores de 60 esa cifra llega al 68%. El 32% restante desarrolla una nueva etapa como consultor, asesor, socio o emprendedor, frente al 19% del segmento de entre 50 y 60 años.

En otras palabras, después de los 60 no necesariamente disminuyen las ganas ni la capacidad de trabajar. Lo que cambia es la manera de participar en el mercado laboral. El emprendimiento senior, por ejemplo, no debiera verse únicamente como una salida ante la falta de empleo formal en empresa. También puede ser una elección: la oportunidad de convertir décadas de conocimientos, redes y aprendizajes en un servicio propio, una asesoría especializada o un proyecto con mayor autonomía y propósito. Y hoy hay fondos de inversión dedicados exclusivamente a esta etapa.

La tecnología no es la barrera, es el miedo

Y luego está la tecnología, quizás el prejuicio más repetido. Conviene recordar algo: quienes hoy tienen más de 60 años han debido incorporar durante su trayectoria profesional el computador, el correo electrónico, internet, los teléfonos inteligentes y las reuniones virtuales. La inteligencia artificial y las nuevas plataformas digitales representan un nuevo aprendizaje, pero no una barrera insuperable.

Y es que la edad no determina la capacidad de aprender. Muchas veces, la dificultad no está en la tecnología, sino en el temor a equivocarse, en la falta de acompañamiento o en capacitaciones que no consideran distintos ritmos y experiencias. Además, las herramientas digitales se aprenden mejor cuando tienen una utilidad concreta: encontrar clientes, presentar un proyecto, ordenar las finanzas, ampliar redes o hacer más eficiente el trabajo. No es necesario dominar todas las plataformas, sino identificar cuáles permiten potenciar el conocimiento que ya se posee.

Un desafío compartido

El desafío es compartido. Las empresas necesitan superar sus sesgos y crear oportunidades más flexibles mediante proyectos, asesorías, mentorías y equipos intergeneracionales. Al mismo tiempo, las personas senior deben actualizar sus competencias y aprender a presentar su experiencia no solo como una trayectoria pasada, sino como una capacidad vigente para resolver los problemas de hoy.

Trabajar o emprender después de los 60 se trata de diseñar una etapa diferente, en la que la experiencia se combine con nuevos aprendizajes, tecnología, flexibilidad y propósito. Porque después de los 60 no se trabaja con lo que queda, sino con todo lo aprendido. Y el criterio y la visión de la experiencia, combinados con las nuevas tecnologías, pueden potenciarse realmente.

Carla Fuenzalida
Directora ejecutiva de Lukkap Chile