Cada vez que miramos las noticias internacionales parece que el mundo está en llamas: guerras, aranceles, amenazas nucleares, presidentes peleados entre sí. Es difícil encontrarle el hilo. Un análisis reciente publicado por OpinionGlobal propone una manera de leerlo todo: el mundo se está dividiendo, cada vez más claramente, entre países que funcionan como democracias y países que funcionan como dictaduras. Y ese choque está detrás de casi todo lo que vemos en las noticias.
Acá va una versión más comprensible de ese análisis.
¿Quién está de qué lado?
Según este análisis, las democracias se agrupan principalmente en torno a Estados Unidos, Canadá, Europa, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda —lo que se conoce genéricamente como Occidente— más algunos países de otras regiones.
Las dictaduras, en cambio, tienen su núcleo en cuatro países que en inglés forman la sigla CRINK: China, Rusia, Irán y Corea del Norte (North Korea, en inglés). A ellos se suman varios más, entre los que aparecen Cuba, Venezuela, Nicaragua y una veintena de países de África y Asia.
Dos bloques, dos modelos de gobierno, dos visiones de cómo debe funcionar el mundo.
Las cuatro grandes amenazas para las democracias
El análisis identifica cuatro frentes principales de tensión:
- Rusia invadió Ucrania sin provocación previa, y la guerra sigue. Detrás de ese conflicto está la ambición de Putin de recuperar influencia sobre Europa del Este.
- Irán quiere la bomba nuclear, en parte para dominar el Medio Oriente y en parte porque considera a Israel una amenaza existencial.
- Corea del Norte amenaza con reunificar militarmente la península coreana bajo su régimen.
- China avanza hacia convertirse en la primera potencia económica mundial, con todo lo que eso implica en términos de reglas del juego global.
Rusia: una guerra que no está ganando
Uno de los puntos más llamativos del análisis tiene que ver con la imagen de Putin. Durante años se lo presentó como un líder estratégico, frío y calculador. Pero según este análisis, esa imagen está en cuestión: Rusia lleva años en una guerra que esperaba ganar en días, ha sufrido pérdidas enormes en el campo de batalla, y su economía está muy presionada por las sanciones internacionales.
El análisis sostiene que Putin estaría cada vez más aislado, enfocado casi exclusivamente en su seguridad personal, lo que generaría un vacío de poder interno preocupante. Y un dato relevante: Hungría, que era su principal aliado dentro de Europa, acaba de cambiar de gobierno, lo que podría abrir el camino a un mayor apoyo europeo a Ucrania.
Además, aunque China y Rusia colaboran militarmente, el análisis advierte que esa relación no es de iguales: China apoya, pero a su propio ritmo y en sus propios términos. Rusia depende cada vez más de Beijing, y no al revés.
Irán: debilitado pero no derrotado
En el Medio Oriente, el panorama también es complejo. El análisis señala que los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra instalaciones iraníes han frenado el avance nuclear de Irán y debilitado su capacidad militar. Sus aliados regionales —los llamados "proxies", grupos armados que Iran financiaba y armaba en varios países— también han recibido golpes duros.
El análisis no dice que Irán esté derrotado, pero sí que está en una posición mucho más débil que hace unos años. Sus líderes religiosos y militares están aislados, incluso dentro del propio mundo árabe: Arabia Saudita y los países del Golfo los ven como rivales, no como aliados.
El problema que nadie esperaba: Estados Unidos
Aquí viene la parte más sorprendente del análisis, y también la más polémica. Según el autor, el mayor peligro para las democracias no viene solo de afuera —de Rusia, China o Irán— sino también desde adentro: de la propia política de Donald Trump.
El análisis enumera varios gestos que considera señales de alarma: Trump ha aplicado aranceles agresivos a sus aliados históricos (Europa, Canadá, Japón), trató públicamente de manera hostil al presidente de Ucrania, ha cuestionado el valor de la OTAN, y en la cumbre con Xi Jinping no habría conseguido compromisos concretos en materia comercial ni en la defensa de Taiwán.
El historiador de Yale Timothy Snyder —especialista en regímenes totalitarios— acuña en este contexto el concepto de "Superpower Suicide" (suicidio de superpotencia): la idea de que Estados Unidos podría estarse debilitando a sí mismo al romper sus propias alianzas y erosionar la cohesión interna de su sociedad.
Es un análisis duro, y hay quienes lo comparten y quienes lo discuten. Lo relevante es que viene de académicos serios y merece ser considerado.
¿Qué conclusión saca el análisis?
En Europa y en el Medio Oriente, las democracias podrían estar saliendo relativamente fortalecidas de estos conflictos. Algo similar podría ocurrir eventualmente en Venezuela y Cuba, aunque es más incierto.
El gran signo de interrogación sigue siendo el Indo-Pacífico, donde China y Estados Unidos compiten por la hegemonía global. Ahí, según el análisis, todavía no está claro quién lleva las de ganar.
Y el factor más impredecible de todos sigue siendo la política interior norteamericana.
¿Por qué importa esto?
Puede parecer que estas tensiones geopolíticas ocurren en un mundo lejano. Pero afectan directamente el precio del dólar, el costo de los combustibles, la estabilidad de los mercados financieros, y las decisiones que toman los gobiernos en materia económica. Lo que pasa en Ucrania, en el Estrecho de Ormuz o en Washington termina llegando a nuestra economía, a nuestro bolsillo y a nuestra vida cotidiana.
Entender el tablero no significa tener todas las respuestas. Significa no quedar desinformado en conversaciones que cada vez importan más.
Fuente: OpinionGlobal — "Democracias versus dictaduras: análisis y perspectivas"