Tengo 60 años y no tengo hijos. Durante mucho tiempo eso fue simplemente un dato de mi vida. Pero con los años empecé a notar que esa realidad casi siempre venía acompañada de una pregunta incómoda: “¿Y cuando seas vieja quién te va a cuidar?”.
Un proceso revelador
Hace algunos años mi padre falleció y mi madre quedó sola. En medio de todo ese proceso me tocó hacerme cargo de reunir documentos, ordenar papeles, revisar cuentas y tratar de entender muchas cosas que nunca antes habíamos tenido que mirar de cerca. Fue un momento emocionalmente difícil, pero también muy revelador.
Mientras hacía todo ese trabajo me di cuenta de algo importante: yo misma no tenía muchas de esas cosas claras en mi propia vida. Fue un pequeño despertar.
Poco después, durante la pandemia, mi madre me propuso que viviéramos juntas, porque el primer año fue muy duro para ella. Esa convivencia abrió muchas conversaciones sobre el paso del tiempo y sobre algo de lo que casi no hablamos: la vejez.
De la inquietud a la acción
En medio de esas reflexiones entendí algo que cambió mi perspectiva: el problema no es no tener hijos. El problema es que nadie nos enseña a prepararnos para envejecer.
Esa inquietud me llevó a investigar y a pensar seriamente cómo quería vivir mi propia vejez. De ahí nació mi proyecto “Tu próxima etapa”, dirigido a mujeres de 45 años o más, para invitarlas a prepararse con tiempo para envejecer de manera autónoma y activa.
La verdadera pregunta
Hoy creo que la pregunta importante no es quién nos va a cuidar. La verdadera pregunta es: ¿cómo queremos vivir nuestra vejez?
Cuando empezamos a hacernos esa pregunta con tiempo, podemos ordenar nuestra vida, tomar decisiones y diseñar una etapa futura con más tranquilidad y libertad.