La semana pasada realizamos, junto a KPMG, un nuevo conversatorio presencial. Esta vez conversamos sobre bienestar en la adultez junto al Dr. Eric Blake, geriatra de Clínica Alemana, y José Tomás Vicuña, coach, fundador de DUELAR y acompañante de procesos de duelo. Fue una conversación honesta, con harto espacio para preguntas y testimonios de los propios asistentes, sobre soledad, pérdida y cómo seguir viviendo con sentido. A continuación, te dejamos algunos de los puntos que destacamos de la experiencia.
¿Cuándo preocuparse? Las señales que no hay que dejar pasar
El Dr. Blake fue claro: hay momentos de la vida —la jubilación, la enfermedad de la pareja, el distanciamiento con los hijos, la pérdida de amistades— que nos vuelven más frágiles y merecen más atención. Las señales a observar son variadas: cambios de ánimo, dolores nuevos, alteraciones en el peso o el sueño, aumento en el consumo de alcohol o medicamentos, aislamiento social o abandono del autocuidado. También destacó un punto que solemos pasar por alto: la sobrecarga de quienes cuidan a otros, que entregan su tiempo —el recurso más valioso que tenemos— muchas veces sin apoyo ni relevo.
Soledad no es lo mismo que aislamiento
Una de las claridades más importantes de la experiencia: el aislamiento se puede medir (cantidad y calidad de vínculos), la soledad es un sentimiento. Y contra lo que se suele asumir, las personas mayores no son quienes más sufren de soledad ni de depresión —los jóvenes reportan cifras más altas—. El Dr. Blake habló también de la diferencia entre la soledad elegida (la que se busca para leer, rezar o simplemente estar con uno mismo) y la soledad dolorosa, de la que cuesta salir. Y fue enfático en algo: el duelo es una respuesta natural y adaptativa a una pérdida, no una condición a superar contra el reloj.
El duelo no tiene fecha de vencimiento
José Tomás compartió las tres preguntas que guían su forma de acompañar: soledad, sentido e identidad («¿quién soy hoy?»). Su recomendación central para acompañar a alguien en duelo fue simple pero potente: escuchar más que aconsejar, preguntar qué necesita la persona ahora —no cuándo va a «superarlo»— y ofrecer ayuda concreta en vez de frases genéricas. «El duelo es una huella digital: no hay dos iguales», dijo, y esa fue quizás la frase que más resonó entre los asistentes.
Sostener la rutina cuando no hay ganas
El Dr. Blake insistió en que el duelo interrumpe todo: el sueño, la alimentación, los vínculos, el sentido de propósito. Por eso, muchas veces hay que imponerse una rutina aunque no haya ganas —levantarse, salir a caminar, ver a alguien—, tal como lo hace Cristiano Ronaldo, quien reconoció alguna vez que entrena incluso sin ganas de entrenar. Recomendó además un libro para entender el duelo desde adentro: La peor parte, de Fernando Savater. Y citó a Viktor Frankl, el psiquiatra que sobrevivió a un campo de concentración y desarrolló la logoterapia: «Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo». Para Blake, encontrar ese propósito —aunque sea pequeño— es lo que permite volver a levantarse.
Testimonios que emocionaron a la sala
Lo más potente del evento llegó con las preguntas del público. María Cecilia contó que, tres años después de enviudar, descubrió una libertad que no esperaba: viajar sola, decidir sus propios horarios y reencontrarse con su espiritualidad. Otra asistente relató la pérdida de su hijo hace dos años y la dificultad de procesar un duelo atravesado también por el desgaste económico de una enfermedad larga. Por otro lado un asistente compartió cómo la muerte de su padre a los 93 años —tras una vida plena y conectada hasta el final— se transformó en una oportunidad de introspección espiritual más que en una tragedia. El Dr. Blake aprovechó de compartir un dato que sorprendió a varios: las mujeres que enviudan suelen vivir tan bien o mejor que antes, mientras que en los hombres suele ocurrir lo contrario —la pareja actúa como un factor protector para ellos, no así al revés.
Una comunidad que acompaña, no que asiste
Como recordamos esa mañana, en Círculo Senior no buscamos ser una organización asistencialista, sino una comunidad que entrega espacios de encuentro, información y compañía para que cada uno decida cómo quiere vivir esta etapa. Los testimonios que se compartieron ese día —de pérdida, de reinvención, de autonomía recuperada— son justamente lo que buscamos seguir generando: instancias donde nuestra comunidad se encuentre, se escuche y se acompañe.
Gracias a quienes fueron parte de esta conversación, y los esperamos en el próximo conversatorio.