Existe una imagen que ha sobrevivido al paso de los siglos y que debería estar colgada en la pared de nuestra memoria.
Se cuenta que el inmenso Miguel Ángel Buonarroti, el genio que esculpió el David y pintó la Capilla Sixtina, fue visto caminando bajo la nieve de Roma a los 87 años. Iba abrigado, con paso lento pero firme. Cuando un conocido lo interceptó y le preguntó: "Maestro, usted ya lo ha hecho todo, es el artista más grande del mundo, ¿a dónde va con este frío?", Miguel Ángel respondió con dos palabras en latín: "Ancora Imparo".
Traducido, significa: "Todavía estoy aprendiendo".
A menudo, la sociedad —y a veces nuestra propia voz interior— nos repite un refrán terrible y falso: "Loro viejo no aprende a hablar". Nos convencen de que, pasada cierta edad, el cerebro se "seca", que la tecnología no es para nosotros, o que es ridículo empezar a tocar el piano o aprender un idioma a los setenta u ochenta años.
Sin embargo, la neurociencia moderna ha venido a darnos la razón a nosotros y a Miguel Ángel. Hoy sabemos que el cerebro posee una cualidad maravillosa llamada "neuroplasticidad". Hasta el último suspiro, nuestras neuronas son capaces de crear nuevos caminos y conexiones, siempre y cuando les demos el combustible necesario: la novedad y el desafío.
El aprendizaje en la madurez tiene un sabor distinto, mucho más dulce que en la juventud. A los veinte años, aprendíamos para aprobar un examen, para competir por un puesto de trabajo o para demostrar algo a los demás. Hoy, el aprendizaje es un acto de pura libertad y deleite. Eres un "estudiante soberano".
Si decides aprender a usar esa nueva aplicación del celular, no es para "no quedarte atrás", es para expandir tus fronteras de comunicación. Si decides leer sobre historia griega o aprender jardinería, es para nutrir tu alma. No tengas miedo a sentirte torpe al principio; esa torpeza es la prueba de que estás saliendo de tu zona de confort y ensanchando tu mundo.
La vejez no empieza cuando salen las arrugas; la vejez empieza el día exacto en que perdemos la curiosidad. Mientras mantengas la capacidad de asombro, mientras te levantes con la ilusión de descubrir algo que ayer no sabías, seguirás siendo, en esencia, joven.
Seamos como Miguel Ángel: eternos aprendices caminando con dignidad bajo la nieve, buscando siempre la siguiente lección.
Por Círculo Senior. Conectando generaciones, experiencias y nuevas formas de florecer.