Enamorarse después de una viudez, comenzar una relación a los 70, conocer a alguien mediante una aplicación o simplemente volver a sentir deseo puede parecer completamente natural. Sin embargo, cuando quienes protagonizan estas experiencias son personas mayores, todavía aparecen miradas, comentarios y prejuicios que cuestionan aquello que socialmente aceptamos con facilidad entre personas más jóvenes.
En una entrevista publicada por Generación Silver de Infobae, Dolores Covacevich, magíster en Género y Políticas Públicas y especialista en Sexualidad, plantea que el deseo no desaparece durante la vejez. Lo que sí puede ocurrir es que los estereotipos asociados a la edad terminen limitando la forma en que las propias personas reconocen y expresan sus vínculos, su intimidad y su autonomía.
El deseo no desaparece al cumplir años
La especialista cuestiona una idea todavía muy instalada: asociar juventud con belleza, vitalidad y deseo, mientras la vejez queda vinculada principalmente con deterioro, dependencia o pérdida.
Envejecer implica transformaciones físicas y puede incorporar dolores, necesidades de cuidado y otras circunstancias propias del paso del tiempo. Pero eso no resume toda la experiencia de esta etapa. También pueden aparecer nuevos aprendizajes, relaciones, formas de habitar el cuerpo y maneras distintas de construir intimidad.
La sexualidad, por lo tanto, no comienza de repente durante la juventud ni desaparece automáticamente al llegar a determinada edad. Se transforma a lo largo de la vida junto con nuestras experiencias, cuerpos, deseos y relaciones.
Enamorarse después de una viudez no significa reemplazar a nadie
Uno de los temas especialmente sensibles abordados por Covacevich es la posibilidad de establecer una nueva relación después de haber perdido a una pareja.
Una persona puede enamorarse nuevamente después de una separación, una viudez o tras décadas de una relación anterior. Construir un nuevo vínculo desde una historia de vida diferente no significa necesariamente reemplazar a la persona con quien se compartió el pasado.
Cada relación puede ocupar un lugar propio dentro de una trayectoria personal. El duelo, los recuerdos y el cariño por alguien que falleció pueden coexistir con la posibilidad de volver a establecer vínculos afectivos.
Cuando el entorno comienza a opinar
El problema aparece cuando otras personas consideran que iniciar una relación, tener citas o expresar interés afectivo o sexual es algo impropio para determinada edad.
Estos prejuicios forman parte del edadismo: estereotipos, prejuicios y formas de discriminación construidos en torno a la edad. Cuando estas representaciones negativas se concentran específicamente sobre la vejez también se habla de viejismo.
Estas actitudes pueden expresarse mediante paternalismo, infantilización, cuestionamiento de las decisiones personales o la idea de que una persona mayor ya no debería tener una vida íntima.
El prejuicio también puede transformarse en autocensura
Las barreras no siempre llegan mediante una prohibición explícita. Después de escuchar durante años determinados mensajes sobre cómo debería comportarse alguien a cierta edad, las propias personas pueden terminar incorporándolos.
Así, alguien puede dejar de buscar pareja, sentirse incómodo expresando interés por otra persona o pensar que determinados deseos ya no corresponden a su edad. El edadismo puede terminar convirtiéndose en una forma de autocensura.
Intimidad no significa solamente relaciones sexuales
Otro punto relevante es ampliar nuestra idea de intimidad. Esta puede incluir afecto, confianza, conversación, cuidados, contacto físico, deseo y distintas maneras de compartir con otra persona.
Las relaciones y la sexualidad tampoco tienen que mantenerse idénticas durante toda la vida. Los cuerpos cambian, las circunstancias cambian y también pueden cambiar las formas de expresar cariño, placer e intimidad.
Una sexualidad diferente a la experimentada durante la juventud no tiene por qué considerarse inferior.
No todas las personas envejecen de la misma manera
Covacevich también advierte que las posibilidades de vivir libremente la intimidad no están distribuidas de igual manera. La experiencia de envejecer está atravesada por condiciones económicas y sociales, género, discapacidad, territorio, redes de apoyo y otras características de la trayectoria de cada persona.
Por eso, hablar de autonomía no significa solamente reconocer formalmente el derecho a decidir. Para ejercerla también pueden ser necesarios privacidad, movilidad, recursos, redes sociales y espacios donde conocer y encontrarse con otras personas.
La familia también puede favorecer la autonomía
Hijos, nietos y otras personas cercanas pueden tener un papel importante. Preocuparse por alguien no debería significar automáticamente decidir por esa persona o tratarla como si hubiese perdido su capacidad para determinar cómo quiere vivir sus relaciones.
Mientras exista capacidad para tomar decisiones y las relaciones se desarrollen de manera libre y consentida, respetar la vida afectiva de una persona mayor también significa reconocer su condición de adulto y su autonomía.
El derecho a seguir construyendo vínculos
Una vida más larga también puede contener nuevas amistades, parejas, citas, afectos y experiencias. No existe una edad universal a partir de la cual una persona deje de tener derecho al deseo o a construir intimidad.
Combatir los estereotipos sobre la vejez implica reconocer a las personas mayores como personas completas, capaces de sentir, elegir, enamorarse y decidir cómo quieren relacionarse.
Después de una viudez, una separación o muchos años sin pareja, comenzar nuevamente puede generar dudas. Pero cumplir 70, 80 o más años no elimina la posibilidad de escribir nuevos capítulos. El afecto, la intimidad y el derecho a decidir sobre nuestra propia vida nos acompañan durante todo el curso de la vida.