¿Puede un baño caliente provocar algunos de los cambios circulatorios que experimentamos cuando hacemos ejercicio?

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Australia Occidental aporta resultados interesantes: una inmersión de 30 minutos en agua caliente produjo una mayor respuesta en pequeños vasos sanguíneos de la piel y una reducción inmediata de la presión arterial superior a la observada después de una sesión de ciclismo moderado de igual duración.

Pero antes de cambiar las zapatillas deportivas por la bañera existe una aclaración fundamental: los investigadores no sostienen que el agua caliente sea mejor que el ejercicio ni que pueda reemplazar sus múltiples beneficios.

¿Cómo se realizó el estudio?

La investigación incluyó a 25 adultos de entre 45 y 70 años con sobrepeso u obesidad. La edad promedio fue de aproximadamente 59 años.

Cada participante realizó dos sesiones experimentales en orden aleatorio y separadas por al menos 72 horas.

En una de ellas permanecieron durante 30 minutos sumergidos hasta aproximadamente el pecho en agua a 40 °C.

En la otra realizaron 30 minutos de ciclismo en una bicicleta estática a una intensidad correspondiente aproximadamente al 60%-70% de su frecuencia cardíaca máxima.

Los investigadores midieron variables como temperatura corporal, frecuencia cardíaca, presión arterial y circulación en pequeños vasos sanguíneos de la piel.

¿Qué ocurrió con la presión arterial?

Después de la inmersión en agua caliente se registraron reducciones mayores de la presión arterial que después del ciclismo.

En el estudio sobre circulación microvascular, la presión sistólica disminuyó aproximadamente 6 mmHg después del agua caliente, frente a un cambio cercano a 1 mmHg después del ejercicio.

La presión diastólica disminuyó aproximadamente 10 mmHg con la inmersión, frente a unos 2 mmHg después del ciclismo.

Se trata de respuestas observadas inmediatamente después de una única sesión experimental. No significa que tomar baños calientes produzca una reducción permanente de la presión arterial.

Los pequeños vasos también reaccionaron al calor

Los investigadores utilizaron una técnica no invasiva llamada tomografía de coherencia óptica para observar la circulación de los pequeños vasos sanguíneos de la piel del antebrazo.

Después de la inmersión caliente aumentaron significativamente el diámetro de los vasos, la velocidad de la sangre, el flujo sanguíneo y la densidad de pequeños vasos con circulación detectable.

Estas respuestas fueron mayores que las registradas después del ejercicio moderado utilizado en el experimento.

¿Por qué ocurre?

Cuando nuestro cuerpo recibe mucho calor necesita evitar un aumento excesivo de su temperatura interna.

Una de las maneras de hacerlo es dilatar los vasos sanguíneos de la piel y enviar más sangre hacia la superficie corporal, facilitando así la pérdida de calor.

En este experimento, la inmersión produjo una carga térmica mayor que el ciclismo. La temperatura corporal interna aumentó aproximadamente 0,9 °C con el agua caliente, frente a alrededor de 0,7 °C durante el ejercicio.

Los investigadores consideran que la combinación del calentamiento directo de la piel y esta mayor carga térmica sistémica ayuda a explicar la intensa respuesta vascular observada.

¿El agua caliente produce un efecto parecido al ejercicio?

En algunos aspectos cardiovasculares existen similitudes.

Tanto el ejercicio como el calor aumentan el flujo sanguíneo y la fuerza que la sangre ejerce sobre las paredes internas de los vasos. Este estímulo puede participar en mecanismos relacionados con la función vascular.

Por eso, los investigadores describen la inmersión en agua caliente como un posible estímulo vascular similar al ejercicio en algunos aspectos específicos.

Pero “similar” no significa “equivalente”.

Un baño caliente no reemplaza el ejercicio

La actividad física genera numerosos efectos que este experimento no atribuye a la inmersión en agua: mejora de la capacidad cardiorrespiratoria, fuerza y función muscular, movilidad, equilibrio, metabolismo y condición física general, entre otros.

Además, el estudio comparó solamente una sesión de 30 minutos de cada intervención. No investigó si sustituir ejercicio por baños calientes durante meses o años produciría resultados equivalentes.

Por eso, interpretar el estudio como “30 minutos en la bañera son mejores que 30 minutos de ejercicio” sería incorrecto.

¿Dónde podría estar entonces su utilidad?

Los investigadores consideran especialmente interesante estudiar el calor pasivo en personas que presentan limitaciones para realizar actividad física convencional.

En determinadas poblaciones clínicas, conseguir suficiente estímulo vascular mediante ejercicio puede resultar difícil debido a problemas de movilidad o baja tolerancia al esfuerzo.

La exposición controlada al calor podría investigarse como una herramienta complementaria en estos casos.

Sin embargo, los propios autores advierten que todavía falta evidencia en personas mayores con factores de riesgo cardiovascular que no pueden realizar ejercicio convencional.

¿Significa que deberíamos tomar baños a 40 °C para bajar la presión?

No. Este estudio no establece una recomendación médica para tratar hipertensión mediante baños calientes.

La temperatura utilizada —40 °C— representa una exposición térmica importante. En el experimento, los participantes fueron supervisados y los investigadores controlaron periódicamente su temperatura corporal, frecuencia cardíaca y posibles síntomas relacionados con el calor.

Por eso, reproducir el protocolo por cuenta propia no equivale a participar en las condiciones controladas del estudio.

Especial precaución durante la longevidad

El calor intenso produce vasodilatación y puede reducir la presión arterial. En determinadas personas esto podría favorecer mareos, debilidad o sensación de desvanecimiento, especialmente al levantarse.

Las personas con enfermedades cardiovasculares, presión arterial baja, problemas de regulación de la temperatura o tratamientos que puedan modificar la presión deberían conversar con un profesional de salud antes de utilizar exposiciones intensas al calor con fines terapéuticos.

Un resultado interesante, pero todavía inicial

El estudio tiene varias características que debemos considerar antes de generalizar sus conclusiones.

Participaron solamente 25 personas, todas con sobrepeso u obesidad; se analizó una única sesión y los cambios fueron medidos inmediatamente después de las intervenciones.

Por lo tanto, todavía necesitamos investigaciones de mayor duración para conocer qué ocurre cuando estas exposiciones se repiten y cuáles son sus efectos clínicos a largo plazo.

Calor como complemento, movimiento como parte esencial

Para Círculo Senior, la lectura más interesante no es enfrentar el baño caliente con el ejercicio.

La investigación muestra que el calor provoca respuestas cardiovasculares reales y medibles y abre una posible línea de apoyo para personas que tienen dificultades para realizar determinados tipos de actividad física.

Pero mantenernos físicamente activos continúa siendo fundamental durante la longevidad.

Un baño caliente puede resultar agradable y la ciencia está investigando sus posibles efectos vasculares. Por ahora, sin embargo, no tenemos evidencia para cambiar el movimiento por la bañera.