“Nos jubilamos del trabajo, no de la vida”. Con esta frase, cerca de 30 entidades reunieron a personas mayores en la plaza Sant Jaume de Barcelona para cuestionar el edadismo y reivindicar una forma diferente de entender la jubilación y el envejecimiento.
La movilización se realizó en el marco del Día Internacional de las Personas Mayores y puso sobre la mesa una idea especialmente relevante en sociedades cada vez más longevas: terminar la vida laboral no significa retirarse de la comunidad, perder autonomía ni dejar de tener proyectos.
Una jubilación que no significa desaparecer
Durante la jornada, la trabajadora social jubilada Mercè Mas, de 94 años, leyó el manifiesto que dio nombre a la convocatoria: “Nos jubilamos del trabajo, no de la vida”.
La movilización combinó actividades festivas con reivindicaciones relacionadas con pensiones suficientes, sanidad universal, atención accesible a la dependencia, cuidados centrados en la persona y oportunidades de formación y participación durante toda la vida.
También puso atención en problemas como la soledad no deseada, el aislamiento, el maltrato y las barreras digitales que pueden dificultar el acceso de las personas mayores a servicios y oportunidades.
¿Quién soy después de jubilarme?
Uno de los desafíos que aborda el reportaje de Infobae es la reconstrucción de la identidad después de abandonar el trabajo.
Durante décadas, una profesión puede organizar buena parte de nuestra rutina, nuestras relaciones y la manera en que nos presentamos ante otras personas. Cuando esa etapa termina, también pueden desaparecer reuniones, llamadas, correos electrónicos y contactos que formaban parte de la vida cotidiana.
El médico jubilado Delfí Cosialls, voluntario de la Federación de Asociaciones de Personas Mayores de Cataluña e impulsor del programa “La jubilació en positiu”, explica que esta transición puede llevar a preguntarse quién somos ahora que nuestra profesión ya no ocupa el mismo lugar.
La respuesta, plantea, no consiste simplemente en llenar la agenda con viajes, cursos y actividades. El verdadero desafío es redefinir el sentido de nuestro tiempo, nuestras relaciones y nuestra participación en la sociedad.
Jubilarse tampoco significa estar disponible para todo
Dejar el trabajo puede generar una nueva disponibilidad de tiempo, pero eso no significa que la familia pueda disponer automáticamente de él.
Cuidar nietos, realizar trámites o ayudar a familiares pueden ser experiencias satisfactorias cuando son elegidas. El problema aparece cuando esa disponibilidad se convierte en una obligación asumida por los demás.
La jubilación también debería permitir decidir cómo utilizar el propio tiempo. Ayudar a la familia puede formar parte de esa etapa, pero también pueden hacerlo los proyectos personales, las amistades, el aprendizaje, el descanso, el voluntariado o cualquier otra actividad elegida libremente.
El edadismo también aparece en los pequeños gestos
La discriminación por edad no siempre se presenta de manera explícita. Puede aparecer cuando alguien habla con el acompañante en lugar de dirigirse directamente a la persona mayor, cuando se supone que no comprenderá una explicación o cuando se utiliza un tono innecesariamente condescendiente.
También existe cuando la vejez se representa exclusivamente mediante enfermedad, fragilidad y dependencia.
Pero el extremo contrario tampoco representa a todas las personas. No todas las personas mayores tienen que ser viajeras, deportistas, saludables o estar permanentemente ocupadas para vivir una vejez valiosa. La situación de salud, los recursos, las necesidades de apoyo y los intereses son diferentes en cada persona.
Ayudar sin quitar autonomía
Mercè Mas pone el foco en una distinción fundamental para los cuidados: ayudar a una persona mayor en aquello que necesita no debería significar sustituirla en todo aquello que todavía puede realizar por sí misma.
La infantilización puede aparecer precisamente cuando otras personas toman decisiones sin preguntar, ofrecen ayuda que no ha sido solicitada o presuponen incapacidad únicamente por la edad.
Respetar la autonomía implica reconocer que una persona puede necesitar apoyo en determinadas áreas y, al mismo tiempo, seguir tomando decisiones sobre su vivienda, sus relaciones, sus actividades y la forma en que quiere organizar su vida.
Las mujeres no siempre llegan a la jubilación en las mismas condiciones
El artículo también aborda las diferencias que pueden existir entre las trayectorias de hombres y mujeres. Muchas mujeres interrumpieron carreras laborales, redujeron jornadas o abandonaron empleos para asumir responsabilidades de cuidado.
Sin embargo, al llegar a la jubilación muchas continúan participando activamente en asociaciones vecinales, organizaciones culturales, sindicatos y organizaciones sociales, además de crear grupos de ayuda mutua y espacios para compartir actividades.
Una demanda que ya cruza fronteras
La discusión sobre el edadismo no se limita a Barcelona. Infobae recoge iniciativas desarrolladas en otros lugares de España y Europa y recuerda que organizaciones de personas mayores están impulsando propuestas para combatir la discriminación por edad.
El debate alcanza también a las instituciones europeas y plantea desafíos relacionados con igualdad, empleo, participación y relaciones entre generaciones.
Una nueva etapa para seguir decidiendo
La jubilación puede representar un cambio profundo, pero no debería convertirse automáticamente en sinónimo de pasividad.
Cada persona puede decidir si quiere descansar, aprender, trabajar nuevamente, cuidar, viajar, participar en organizaciones, realizar voluntariado, desarrollar nuevos intereses o simplemente disponer de más tiempo para sí misma.
La clave está precisamente en poder elegir. Porque podemos jubilarnos de un trabajo, pero seguimos formando parte de nuestras familias, comunidades y sociedad. Nos jubilamos del trabajo, no de la vida.