Chile envejece y, al mismo tiempo, sus empresas atraviesan una acelerada transformación tecnológica. Inteligencia artificial, automatización y digitalización están modificando tareas, procesos y competencias requeridas en numerosos puestos de trabajo.

En ese escenario surge una pregunta especialmente relevante: ¿qué ocurre con las oportunidades laborales de las personas mayores?

Una investigación encargada por SENCE y el OTIC del Comercio, Servicios y Turismo y desarrollada por la consultora E-duco advierte que la experiencia acumulada durante décadas continúa siendo reconocida por las organizaciones, pero ese reconocimiento no necesariamente se traduce en mayores posibilidades de encontrar trabajo, conservarlo o recibir mejores remuneraciones.

Chile envejece y su fuerza laboral también

El cambio demográfico hace que esta discusión sea cada vez más urgente. Las personas de 60 años o más representan actualmente el 19,8% de la población chilena y cerca del 80% del crecimiento demográfico registrado durante la última década corresponde a personas de 50 años o más.

Hacia 2050, las personas de 60 años o más representarían cerca del 32% de la población, según los antecedentes recogidos por el estudio.

Esto significa que la participación laboral senior no es solamente una conversación sobre jubilación. También involucra productividad, capacitación, empleabilidad y la capacidad de las empresas para aprovechar el talento disponible.

¿Qué encontró la investigación?

El estudio, denominado “Evolución y desafíos del mercado laboral chileno en los sectores Comercio, Servicios y Turismo, para personas mayores y/o próximas a jubilar, en la era de la automatización y la inteligencia artificial”, combinó distintas fuentes de información.

Incluyó una encuesta con 415 casos válidos, 13 grupos focales y 18 entrevistas, además de análisis estadístico y econométrico y una revisión de experiencias internacionales.

Los modelos utilizados muestran que entre 2013 y 2022 disminuyó la probabilidad de estar ocupado para las personas mayores, incluso considerando variables como educación y experiencia laboral.

Un cambio especialmente visible desde 2020

La investigación identifica además un punto de inflexión alrededor de 2020.

Hasta entonces, el avance de la digitalización había coexistido con una evolución favorable de las tasas de ocupación senior. Desde ese momento, el estudio detecta una relación negativa y estadísticamente significativa para los segmentos mayores, con un efecto especialmente marcado entre las mujeres de 60 a 64 años.

Sin embargo, esto no significa que las máquinas o la inteligencia artificial estén reemplazando masivamente a los trabajadores mayores.

La IA no está provocando un reemplazo masivo

Este matiz es fundamental. Según los datos de ENADEL 2024 utilizados en el estudio, las reducciones de personal atribuidas directamente a automatización o inteligencia artificial generalmente no superan el 2%, incluso en sectores potencialmente más expuestos.

En comercio, transporte, hoteles y restaurantes, esas cifras se encuentran cerca o por debajo del 1%.

El fenómeno descrito por los investigadores es más gradual: cambian las tareas, aparecen nuevas exigencias y determinadas competencias pierden vigencia mientras otras adquieren mayor importancia.

Cuando una persona no dispone de oportunidades para actualizar sus conocimientos, su empleabilidad puede disminuir aunque su puesto no haya sido directamente sustituido por tecnología.

4 de cada 10 identifican la edad como una barrera

La tecnología es solamente una parte del problema. La investigación también identifica la presencia de edadismo en el mercado laboral.

Cuatro de cada diez personas encuestadas señalaron que su edad ha representado un obstáculo para acceder a nuevas oportunidades laborales.

Los grupos focales y entrevistas recogieron experiencias relacionadas con sesgos durante los procesos de selección, exclusión de capacitaciones, menores posibilidades de promoción y otras formas de marginación dentro de las organizaciones.

Las mujeres mayores enfrentan una brecha adicional

El estudio advierte que las dificultades no afectan de igual manera a todas las personas.

Las mujeres mayores aparecen en una situación especialmente desfavorable, asociada a trayectorias laborales más discontinuas, menor acumulación previsional y una mayor presencia en empleos de menores remuneraciones.

La disminución en la probabilidad de estar ocupadas es particularmente pronunciada entre las mujeres de 60 a 64 años y aquellas de 65 años o más.

Esto muestra que la edad puede combinarse con desigualdades acumuladas durante décadas, entre ellas responsabilidades de cuidado, nivel educacional e historia laboral.

Capacitar más no necesariamente significa capacitar mejor

Otro hallazgo relevante cuestiona una solución aparentemente sencilla: ofrecer más cursos.

Las personas mayores que habían participado en actividades de capacitación no mostraron un nivel de preparación tecnológica significativamente superior al de quienes no habían recibido formación.

Los investigadores denominan este fenómeno “paradoja de la efectividad”.

Esto no significa que capacitar sea inútil. El problema es que parte de la formación disponible no estaría convirtiéndose en habilidades funcionales que las personas puedan aplicar efectivamente dentro de su puesto de trabajo.

Según el estudio, un 32% de los participantes había recibido capacitación proporcionada por empresas, mientras que la formación asociada a SENCE o al Gobierno alcanzaba un 15,9%.

La brecha digital no depende solamente de la edad

Una conclusión especialmente importante es que no todas las personas mayores tienen dificultades tecnológicas ni todas las personas jóvenes poseen automáticamente competencias digitales avanzadas.

La investigación identifica trabajadores senior con altos niveles de adaptación tecnológica y personas jóvenes que también presentan dificultades.

Las diferencias dependen de factores como las oportunidades de capacitación, las experiencias laborales anteriores, el acceso a tecnología y las posibilidades de aprender utilizando nuevas herramientas dentro del propio trabajo.

La experiencia tiene valor, pero no siempre recibe recompensa

Las empresas reconocen distintas fortalezas entre sus trabajadores mayores: conocimiento de los procesos, capacidad para resolver problemas, relaciones con clientes, estabilidad, dominio del oficio y experiencia para acompañar a trabajadores menos experimentados.

Sin embargo, el análisis detecta que ese reconocimiento no necesariamente se transforma en mejores salarios, permanencia laboral o nuevas oportunidades.

El informe denomina esta contradicción “brecha de valorización”.

En otras palabras, sabemos que la experiencia importa, pero todavía no siempre existen mecanismos laborales capaces de convertirla en oportunidades concretas.

Mentoría intergeneracional: experiencia y tecnología trabajando juntas

Una de las alternativas identificadas por la investigación es fortalecer la mentoría intergeneracional.

En este modelo, trabajadores mayores pueden compartir conocimiento operativo, experiencia, relaciones con clientes y capacidad para resolver situaciones complejas, mientras compañeros más jóvenes pueden aportar conocimientos sobre nuevas tecnologías y herramientas digitales.

Este intercambio ya ocurre en algunas organizaciones, pero principalmente de manera informal.

El estudio propone avanzar hacia mecanismos estructurados de mentoría inversa, aprendizaje cruzado y transferencia de conocimiento.

¿Qué cambios propone el estudio?

Las recomendaciones no se limitan a la capacitación. Entre las medidas planteadas se encuentran:

  • Capacitación continua y reconversión laboral conectadas con las necesidades reales de los puestos de trabajo.
  • Incentivos focalizados para la contratación.
  • Adaptación de puestos de trabajo.
  • Mayor flexibilidad horaria.
  • Reducción gradual de jornadas cuando corresponda.
  • Teletrabajo en funciones donde sea posible.
  • Políticas empresariales destinadas a reducir los sesgos asociados a la edad.
  • Programas estructurados de mentoría y colaboración intergeneracional.

La investigación también propone crear una instancia interinstitucional que articule a SENCE, SENAMA, OTIC, organismos de capacitación y empresas.

Experiencia + tecnología, no experiencia versus tecnología

La transformación digital no obliga necesariamente a escoger entre trabajadores experimentados y nuevas tecnologías.

El desafío consiste en crear condiciones para que ambas dimensiones puedan complementarse.

Una persona con décadas de experiencia puede aprender nuevas herramientas digitales. Del mismo modo, una persona joven puede beneficiarse enormemente del conocimiento acumulado por un compañero con años de experiencia en clientes, procesos, negociación o resolución de problemas.

Para Círculo Senior, esta discusión resulta especialmente relevante: la longevidad laboral necesita oportunidades reales de actualización, pero también empresas capaces de reconocer el valor de la experiencia.

En un Chile donde cada vez viviremos y trabajaremos durante más años, la transformación tecnológica puede convertirse en una oportunidad si conseguimos que el talento senior forme parte activa de ella.