En una reciente entrevista con Infobae, la socióloga española Irene Lebrusán Murillo plantea una mirada profunda y renovadora sobre nuestra generación. Para la experta, la extensión de la esperanza de vida no debe verse como un problema, sino como el mayor logro y victoria de nuestra sociedad. Sus reflexiones cuestionan la mirada estrictamente economicista y nos invitan a valorar el rol activo que mantenemos en la actualidad.

La importancia de los vínculos reales

Uno de los puntos centrales de su análisis es la profunda diferencia entre "estar solo" y "sentirse solo". Para construir un bienestar emocional sólido, la socióloga destaca las siguientes ideas:

  • Calidad sobre cantidad: La soledad no deseada surge cuando hay una distancia entre las relaciones que tenemos y las que deseamos. Es fundamental cultivar vínculos que nos aporten plenitud.
  • Identidad y preferencias: Cumplir años no borra nuestra identidad ni homogeneiza nuestros gustos. Las conexiones socioafectivas más valiosas son aquellas que se guían por aficiones comunes, sin importar la diferencia de edad.

Una sociedad que debe adaptarse

Lebrusán enfatiza que son las instituciones y la sociedad las que deben adaptarse a esta nueva longevidad, planteando los siguientes desafíos:

  • Mercado laboral y talento: Se necesita un entorno laboral mucho más flexible que valore el conocimiento acumulado, combatiendo los prejuicios y el edadismo que dificultan la participación activa después de los 50 años.
  • Calidad de vida y políticas públicas: Un envejecimiento saludable requiere cultivar hábitos a lo largo de toda la vida, pero también depende de un Estado que garantice accesibilidad, espacios amigables y condiciones materiales dignas.

¡Nuestra experiencia es invaluable! Sigamos construyendo redes sociales basadas en nuestros intereses genuinos, manteniendo nuestra curiosidad activa y demostrando que la longevidad es una etapa llena de posibilidades y aportes para la sociedad.