Cuidar o acompañar a una persona mayor puede implicar mucho más que estar pendiente de su salud. De pronto aparecen citas médicas, medicamentos, trámites, decisiones sobre vivienda, servicios domiciliarios, seguros y conversaciones familiares que deben coordinarse al mismo tiempo.
En Estados Unidos existe una figura profesional dedicada precisamente a ordenar ese complejo rompecabezas: los administradores de atención a personas mayores, conocidos en inglés como Aging Life Care Managers.
Un reportaje de The New York Times publicado por Infobae muestra cómo estos profesionales pueden convertirse en un apoyo importante para las personas mayores y sus familias, especialmente cuando las necesidades aumentan o los familiares viven lejos.
No son cuidadores: coordinan el cuidado
La primera distinción es importante. Un administrador de atención a personas mayores no necesariamente entrega directamente los cuidados cotidianos.
Su trabajo consiste principalmente en evaluar necesidades, organizar soluciones, conectar servicios y acompañar a la persona mayor y su familia en decisiones que pueden resultar difíciles de manejar sin experiencia.
Entre las tareas descritas por la fuente se encuentran:
- Organizar y supervisar una mudanza hacia una residencia.
- Coordinar servicios de atención domiciliaria.
- Acompañar a citas médicas o dentales.
- Gestionar asuntos relacionados con Medicare y Medicaid en Estados Unidos.
- Buscar médicos especialistas y terapeutas.
- Recomendar servicios de cuidados paliativos.
- Conectar con abogados especializados en asuntos de personas mayores.
- Realizar visitas periódicas para verificar cómo se encuentra la persona.
- Mantener informada a la familia cuando aparecen cambios o problemas.
Un apoyo especialmente útil cuando la familia vive lejos
Uno de los escenarios donde este modelo adquiere mayor valor es cuando los hijos u otros familiares viven en otra ciudad.
La distancia puede dificultar tareas aparentemente sencillas: comprobar cómo está una persona después de una hospitalización, acompañarla a una consulta, evaluar una residencia o reaccionar rápidamente cuando surge una emergencia.
El administrador puede convertirse entonces en un punto de coordinación local entre la persona mayor, su familia y los distintos servicios que necesita.
Cuando una crisis obliga a tomar decisiones rápidamente
El reportaje relata el caso de una mujer de 85 años con demencia avanzada que debía trasladarse a una unidad especializada en cuidado de la memoria.
Un retraso en documentación médica puso en riesgo la planificación de su traslado y generó la necesidad de conseguir rápidamente apoyo domiciliario para que no permaneciera sola.
La administradora de atención coordinó una solución temporal hasta que fue posible concretar la mudanza.
Este ejemplo muestra una de las funciones más importantes del servicio: conocer los recursos disponibles y saber cómo reaccionar cuando diferentes necesidades aparecen simultáneamente.
Profesionales con experiencia en envejecimiento
Según la fuente, muchos de estos especialistas provienen de áreas como enfermería y trabajo social, aunque también existen fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y gerontólogos que desarrollan esta función.
En Estados Unidos existe además una organización profesional, Aging Life Care Association, que reúne a más de 2.000 miembros.
El modelo enfatiza la independencia profesional: quienes pertenecen a esta asociación trabajan para la persona y la familia que los contrata y su código ético establece restricciones frente a comisiones o pagos por derivar clientes hacia determinados proveedores.
¿Por qué importa esa independencia?
Cuando una familia necesita encontrar rápidamente una residencia, una agencia de cuidados domiciliarios u otro servicio, puede resultar difícil determinar qué recomendación responde realmente a sus necesidades y cuál está influenciada por intereses comerciales.
Un coordinador independiente busca analizar las alternativas desde la situación particular de la persona mayor.
La lección también resulta útil fuera de Estados Unidos: cuando contratamos orientación para una decisión importante de cuidado, conviene preguntar cómo se financia el servicio y si existen comisiones asociadas a las recomendaciones.
También pueden ayudar a ordenar las conversaciones familiares
El cuidado no solamente genera decisiones médicas o administrativas. También puede provocar desacuerdos dentro de las familias.
¿Es momento de recibir ayuda en casa? ¿Conviene cambiar de vivienda? ¿Quién asumirá determinadas responsabilidades? ¿Qué desea realmente la persona mayor?
Los profesionales entrevistados explican que parte de su trabajo consiste en mediar y facilitar conversaciones entre familiares.
Además, una persona mayor puede reaccionar de manera diferente frente a la recomendación de un profesional independiente que ante el mismo consejo entregado por un hijo o hija.
El servicio puede tener un costo elevado
Este modelo también tiene una limitación importante: su precio.
Según la Aging Life Care Association citada por el reportaje, las tarifas de sus miembros en Estados Unidos pueden oscilar aproximadamente entre US$150 y US$350 por hora, dependiendo de la zona y del profesional.
Por lo tanto, no se trata necesariamente de un servicio accesible para todas las familias. En algunas ciudades estadounidenses existen alternativas proporcionadas por agencias sociales con tarifas relacionadas con los ingresos.
Estos valores corresponden a Estados Unidos y no deben utilizarse como referencia de precios para servicios de cuidado en Chile.
¿Funciona este mismo modelo en Chile?
El reportaje describe específicamente el sistema estadounidense y no establece que exista en Chile una figura profesional equivalente, con la misma certificación, funciones o estructura de costos.
Sin embargo, nuestro país cuenta con programas públicos que abordan algunas necesidades relacionadas con el cuidado y la coordinación de apoyos.
Entre ellos se encuentra la Red Local de Apoyos y Cuidados, orientada a personas en situación de dependencia moderada o severa y a disminuir la sobrecarga de quienes las cuidan. Sus prestaciones pueden incluir atención domiciliaria y servicios especializados.
SENAMA también dispone de un Programa de Cuidados Domiciliarios para personas de 60 años o más en situación de dependencia moderada o severa, sujeto a sus requisitos de acceso y cobertura territorial.
Una idea que pone la coordinación en el centro
Más allá de las diferencias entre países, este modelo plantea una pregunta interesante para una sociedad que envejece: ¿quién coordina el cuidado cuando las necesidades empiezan a multiplicarse?
Muchas familias terminan realizando esa función por sí mismas, generalmente sin formación previa. Un hijo, una hija, la pareja u otro familiar puede convertirse de un día para otro en quien organiza controles médicos, busca servicios, realiza trámites y resuelve emergencias.
Contar con orientación profesional puede ayudar a distribuir responsabilidades, identificar alternativas y evitar que todas las decisiones recaigan sobre una sola persona.
Cuidar también significa respetar la autonomía
Existe además un principio que no debería perderse cuando aumentan las necesidades de apoyo: la persona mayor continúa siendo protagonista de las decisiones sobre su propia vida siempre que pueda ejercerlas.
Coordinar cuidados no significa sustituir automáticamente su voluntad. Una buena planificación debería considerar sus preferencias, rutinas, vínculos y proyectos, además de sus necesidades de salud y seguridad.
Un modelo interesante para observar desde Chile
Los administradores de atención a personas mayores muestran cómo la longevidad está generando nuevas profesiones y servicios especializados.
Quizás su principal enseñanza no sea copiar exactamente el modelo estadounidense, sino reconocer una necesidad cada vez más evidente: las familias pueden requerir ayuda no solamente para cuidar, sino también para organizar el cuidado.
En una sociedad donde viviremos más años, coordinar salud, vivienda, autonomía, servicios y redes familiares puede convertirse en una tarea cada vez más relevante. Y encontrar formas de compartir esa responsabilidad puede mejorar tanto la experiencia de las personas mayores como la de quienes las acompañan.