Lo que comemos no solamente entrega nutrientes a nuestro organismo. También puede modificar la manera en que utilizamos la energía, y esos cambios podrían tener implicancias para nuestro cerebro durante la longevidad.

Una investigación realizada en España encontró que seguir una dieta mediterránea durante 24 semanas produjo cambios en el metabolismo de adultos mayores con deterioro cognitivo leve y que algunas de esas modificaciones se asociaron con mejoras en diferentes funciones cognitivas.

Los resultados fueron publicados en la revista científica Food & Function y corresponden a resultados intermedios de un ensayo clínico aleatorizado.

¿Quiénes participaron en el estudio?

La investigación analizó a 47 adultos de 60 años o más con deterioro cognitivo leve. Un 42,6% de los participantes eran mujeres.

Durante 24 semanas se estudiaron los efectos de una dieta mediterránea, con y sin suplementación de probióticos, y se compararon con una dieta baja en grasas basada en recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

Los investigadores analizaron muestras de plasma mediante técnicas de metabolómica, lo que permitió observar cambios en diferentes sustancias relacionadas con la utilización de energía por parte del organismo.

¿Qué es la flexibilidad metabólica?

Uno de los conceptos centrales de la investigación es la flexibilidad metabólica.

En términos sencillos, se refiere a la capacidad de nuestro organismo para adaptar eficientemente el uso de diferentes fuentes de energía dependiendo de la disponibilidad de nutrientes.

Los investigadores observaron que la dieta mediterránea favoreció cambios compatibles con una mayor flexibilidad metabólica, una respuesta que no se observó de la misma manera entre quienes siguieron la dieta baja en grasas utilizada como comparación.

¿Qué ocurrió después de 24 semanas?

Tras seguir la dieta mediterránea, los investigadores detectaron un aumento de diferentes metabolitos relacionados con la producción y utilización de energía.

Entre ellos aumentó el ácido acetoacético, que corresponde a un cuerpo cetónico, además del piruvato, lactato y distintos intermediarios del ciclo del ácido tricarboxílico o TCA.

También se observaron modificaciones en el metabolismo de los aminoácidos de cadena ramificada (BCAA).

En conjunto, estos cambios sugieren que el organismo adquirió una mayor capacidad para alternar entre diferentes fuentes energéticas.

¿Qué relación encontraron con la memoria?

Los investigadores encontraron asociaciones entre determinados cambios metabólicos y el desempeño en distintas pruebas cognitivas.

El aumento de algunos cetoácidos relacionados con el metabolismo de los aminoácidos de cadena ramificada se asoció positivamente con mejoras en memoria general, capacidad de inhibición y razonamiento visoespacial.

Por otra parte, la disminución de sustancias como isoleucina, L-carnitina, beta-alanina y glutamato se relacionó con mejoras en lenguaje y memoria.

Es importante interpretar correctamente estos resultados: encontrar una asociación entre cambios metabólicos y puntuaciones cognitivas no significa que cada metabolito sea responsable directo de la mejoría.

¿Por qué podría ser importante para el cerebro?

Nuestro cerebro necesita un suministro permanente de energía para funcionar.

Los autores plantean que una mayor flexibilidad metabólica podría desempeñar un papel en el metabolismo energético cerebral y la resiliencia cognitiva de personas mayores con deterioro cognitivo leve.

Esta hipótesis ayuda a comprender uno de los posibles mecanismos mediante los cuales determinados patrones alimentarios podrían relacionarse con nuestra salud cognitiva.

¿Qué ocurrió al agregar probióticos?

El estudio también analizó una dieta mediterránea complementada con probióticos.

En este grupo se observó un aumento marcado de metabolitos del triptófano producidos por la microbiota intestinal, relacionados con la integridad de la barrera intestinal y con vías antiinflamatorias.

El resultado aporta información sobre la posible relación entre alimentación, microbiota y metabolismo, aunque no permite concluir que todas las personas mayores deban consumir suplementos probióticos.

El metabolismo también reveló qué estaban comiendo

El análisis permitió identificar sustancias relacionadas con la adherencia al patrón mediterráneo.

Aumentó un metabolito asociado al consumo de pescado y otro relacionado con proteínas vegetales presentes en alimentos como frutos secos y legumbres.

Al mismo tiempo, determinados cambios fueron compatibles con un menor consumo de aves, carnes rojas y carnes procesadas.

¿En qué consiste la alimentación mediterránea?

Más que depender de un único alimento, la dieta mediterránea corresponde a un patrón alimentario que tradicionalmente da protagonismo a verduras, frutas, legumbres, frutos secos, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, junto con un consumo más limitado de carnes rojas y procesadas.

Por eso, hablar de sus posibles beneficios no significa buscar un alimento milagroso para la memoria. El foco está en el conjunto de nuestra alimentación.

El estudio no demuestra que la dieta prevenga la demencia

Este es probablemente el punto más importante para interpretar la investigación.

El estudio se realizó en un grupo pequeño de 47 personas con deterioro cognitivo leve y los resultados publicados corresponden a hallazgos intermedios de un ensayo clínico.

Por lo tanto, no podemos concluir que seguir una dieta mediterránea prevenga por sí sola la demencia o revierta el deterioro cognitivo.

Los propios investigadores señalan que se necesita más investigación para determinar si estrategias destinadas a mejorar la flexibilidad metabólica pueden contribuir a prevenir la progresión del deterioro cognitivo leve.

Alimentarnos bien también forma parte de cuidar nuestro cerebro

Aunque todavía existen preguntas por responder, esta investigación aporta una pieza interesante para comprender la relación entre alimentación, metabolismo y funcionamiento cerebral durante la longevidad.

Para Círculo Senior, el mensaje no es convertir la dieta mediterránea en una promesa contra el deterioro cognitivo, sino recordar que nuestra alimentación forma parte de los hábitos que podemos cuidar durante toda la vida.

Y ante un diagnóstico de deterioro cognitivo, enfermedades crónicas o necesidades nutricionales específicas, los cambios importantes en la alimentación deberían conversarse con profesionales de salud que puedan adaptarlos a cada persona.