Cuando pensamos en depresión o ansiedad solemos asociarlas con tristeza, preocupación, miedo o cambios en el estado de ánimo. Sin embargo, en las personas mayores los problemas de salud mental también pueden manifestarse mediante molestias físicas e incluso cambios cognitivos que no siempre se relacionan inmediatamente con su origen emocional.
De acuerdo con cifras recogidas por el Plan Nacional de Salud Mental 2017–2025, un 11,9% de las personas mayores de 65 años presenta algún trastorno mental durante un período de 12 meses, encontrándose la depresión y la ansiedad entre los más frecuentes.
El doctor Rafael Jara, geriatra del Hospital Clínico Universidad de Chile, explica que existe una relación bidireccional entre nuestra salud física y mental: una enfermedad puede provocar preocupación y ansiedad, mientras que el estrés emocional también puede influir sobre determinados síntomas físicos.
Cuando la ansiedad comienza a sentirse en el cuerpo
Un dolor de cabeza que aparece reiteradamente, molestias digestivas sin una explicación evidente o cambios en la presión arterial después de una situación estresante pueden formar parte de un círculo difícil de interrumpir.
La persona siente una molestia, comienza a preocuparse por ella y esa preocupación puede intensificar lo que está sintiendo. Por eso, la presencia de un componente emocional no significa que el dolor o malestar sea imaginario.
¿Qué síntomas físicos pueden aparecer?
Entre las manifestaciones mencionadas por el especialista se encuentran:
- Cefaleas tensionales, especialmente dolor en los lados de la cabeza y la zona de la nuca que puede extenderse hacia el cuello.
- Alteraciones digestivas, como colon irritable, meteorismo, estreñimiento o diarrea sin una explicación clara.
- Dolores musculares o difusos en diferentes zonas del cuerpo.
- Cambios asociados al estrés y la presión arterial.
- Intensificación de determinados cuadros de dolor crónico.
Estos síntomas pueden tener muchas causas diferentes. Por eso, no corresponde asumir automáticamente que su origen es psicológico: primero es necesario realizar una evaluación médica que permita descartar otras causas.
El estrés prolongado también tiene efectos físicos
Según explica el doctor Jara, cuando una reacción de ansiedad se mantiene durante períodos prolongados pueden aumentar los niveles de cortisol y producirse distintas respuestas en el organismo.
El especialista señala que esta situación puede influir sobre el sistema inmunológico y relacionarse con enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud. En la depresión también pueden producirse cambios fisiológicos relacionados con la serotonina.
Esto refuerza una idea importante: salud física y salud mental no funcionan como mundos separados.
Depresión, memoria y concentración
En las personas mayores, la depresión también puede expresarse mediante cambios cognitivos. Pueden aparecer dificultades relacionadas con memoria, lenguaje o capacidad de cálculo.
El especialista explica que en algunos casos un deterioro cognitivo importante puede estar más relacionado con un cuadro depresivo que con una enfermedad neurodegenerativa. Precisamente por eso es importante evaluar cada situación antes de sacar conclusiones.
Cuando dejamos de disfrutar lo que antes nos gustaba
Otra señal relevante es la anhedonia, nombre que recibe la pérdida de la capacidad de experimentar placer o disfrutar actividades que anteriormente resultaban satisfactorias.
Una persona puede comenzar a abandonar encuentros, hobbies o actividades cotidianas y reducir progresivamente sus relaciones sociales.
Estos cambios pueden confundirse erróneamente con una consecuencia inevitable de cumplir años. La depresión no debe considerarse una parte normal del envejecimiento.
El dolor es real y debe ser escuchado
Uno de los mensajes centrales del doctor Rafael Jara es evitar desestimar las molestias de una persona porque pueda existir un componente emocional.
Dolores de cabeza, molestias digestivas o tensión muscular son experiencias reales para quien las vive. Identificar una posible relación con ansiedad, depresión o estrés no significa restarles importancia.
La evaluación médica permite descartar enfermedades físicas y, cuando corresponde, detectar también un problema de salud mental que necesite tratamiento.
La vida cotidiana también puede ayudar
Una vez evaluada la situación de salud, algunos cambios cotidianos pueden formar parte del abordaje. El especialista destaca especialmente:
- Mantener actividad física adecuada a las capacidades de cada persona.
- Contar con una adecuada exposición a la luz natural.
- Mantener relaciones interpersonales y contacto con amigos.
- Participar en actividades que generen interés y entusiasmo.
- Evitar que el aislamiento se transforme progresivamente en la rutina diaria.
No se trata de reemplazar atención psicológica o médica mediante estas actividades, sino de reconocer que los vínculos, el movimiento y una vida cotidiana activa también forman parte del bienestar integral.
¿Cuándo conviene pedir ayuda?
Cuando aparecen cambios persistentes en el ánimo, pérdida de interés por actividades habituales, aislamiento, ansiedad intensa, problemas nuevos de memoria o molestias físicas recurrentes, es recomendable consultar con un profesional de salud.
En las personas mayores, una evaluación integral puede ayudar a distinguir entre causas físicas, emocionales y cognitivas que muchas veces se presentan simultáneamente.
Cuidar nuestra salud mental también significa escuchar lo que ocurre en nuestro cuerpo. Reconocer las señales y buscar apoyo oportunamente puede contribuir a conservar bienestar, vínculos, funcionalidad y calidad de vida durante la longevidad.