En aquel tiempo, dijo Jesús: "Había un propietario que plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados... Por último les mandó a su hijo, diciéndose: Tendrán respeto a mi hijo. Pero los labradores lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron".