Estaban los discípulos hablando de estas cosas, cuando él en persona se presentó en medio de ellos y les dijo: "Paz a vosotros". Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: "¿Por qué os alarmáis? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos". Y les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.