Se acercó Pedro a Jesús y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus criados... Al no tener con qué pagar, el señor mandó venderlo a él, a su mujer y a sus hijos... El criado, echándose a sus pies, le suplicaba diciendo: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. El señor tuvo compasión de aquel criado, lo soltó y le perdonó la deuda. Pero, al salir, aquel criado encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo ahogaba diciendo: 'Paga lo que debes'... Al enterarse su señor, lo llamó y le dijo: '¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero?'. Y su señor, indignado, lo entregó a los verdugos. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial si cada uno no perdona de corazón a su hermano».